El Real Madrid sobrevivió a una noche volcánica en el Georgios Karaiskakis. Ganó 3-4 al Olympiacos en un partido frenético, físico y de enorme exigencia, decidido por un Kylian Mbappé desatado. El francés firmó un Póker de goles de los que marcan temporadas y dio aire a un equipo que todavía está puliendo su identidad bajo las órdenes de Xabi Alonso.
Golpe inicial y reacción inmediata del Madrid:
El encuentro comenzó de la peor manera para los blancos. A los 8 minutos, Chiquinho aprovechó una pérdida en salida para poner el 1-0 y encender la caldera griega. El Madrid entró frío, impreciso y sin poder imponer el control que busca Xabi.
Pero la reacción llegó desde la sociedad más determinante del equipo. Vinicius rompió líneas con una acción individual brillante y habilitó a Mbappé para firmar el 1-1 en el 22’. Ese gol cambió por completo el pulso del partido.

Mbappé rompe el choque en siete minutos:
Con el Madrid asentándose, Güler encontró a Mbappé entre líneas en el 24’ para el 1-2. Cinco minutos después, una recuperación agresiva de Camavinga —clave en la presión que exige Xabi— terminó con el tercer tanto del francés. Tres goles en siete minutos. Tres golpes que silenciaron al Pireo.
Los blancos pudieron ampliar la ventaja antes del descanso, pero el VAR anuló un tanto de Vinicius por un fuera de juego milimétrico.

Olympiacos aprieta y el partido vuelve a arder:
El equipo griego, fiel a su identidad, salió del descanso con más intensidad. Hezze y Taremi ajustaron el marcador hasta el 2-3 y devolvieron la incertidumbre. El Madrid perdió metros y concedió transiciones que obligaron a Lunin a intervenir.
Cuando el partido se desordenaba, surgió de nuevo la conexión letal. Vinicius condujo con potencia y asistió a Mbappé para el 2-4 en el 60’. Un gol que devolvió oxígeno y algo de calma.
Sufrimiento final y victoria de carácter:
Olympiacos no se rindió. El Kaabi marcó el 3-4 en el 81’ y convirtió los últimos minutos en un asedio constante. Centros laterales, segundas jugadas y un estadio empujando sin descanso. En ese contexto, Camavinga y Tchouaméni sostuvieron al equipo, y el Madrid tiró de oficio para cerrar una victoria más sufrida que brillante.

Conclusión:
El Madrid no dominó como desea Xabi Alonso, pero sí compitió con la contundencia que exige su escudo. Supo sobrevivir a un ambiente hostil, encontró a su estrella en modo gigante y golpeó cuando el partido lo pedía.
Mbappé firmó su primera gran noche europea de blanco, y Vinicius confirmó que es un líder natural en los momentos calientes. Una victoria trabajada, valiosa y muy de Real Madrid: sufrir, resistir y ganar.