Por Christian Frasquet Orgaz
El Nuevo Carlos Tartiere abre la jornada del viernes con un encuentro que puede cambiar inercias y estados de ánimo. Real Oviedo y RCD Mallorca se miden en un partido que, sin ser una final, huele a ultimátum. Dos equipos atrapados en la zona baja, dos trayectorias asfixiantes y un mismo objetivo: volver a respirar.
El Oviedo llega con la soga al cuello. Continúa como colista tras caer ante el Atlético y encadena siete jornadas sin ganar, además de cuatro partidos sin ver portería. La falta de gol condiciona todo: juego, confianza y resultados. En el Tartiere, tradicionalmente su fortaleza, solo ha celebrado dos tantos en siete encuentros. La afición pide una reacción inmediata y el equipo está obligado a ofrecerla.

El Mallorca, por su parte, aterriza tocado después del empate ante Osasuna —un 2–0 que se esfumó en los últimos diez minutos— y lastrado por su rendimiento a domicilio: seis derrotas en siete salidas. Los viernes tampoco son su aliado. Aun así, el conjunto de Javier Aguirre ha rendido bien frente a rivales directos, un detalle al que aferrarse en un escenario siempre exigente.
Historial: equilibrio al límite:
Los precedentes en el Tartiere son claros: cinco empates en los últimos seis enfrentamientos. Igualdad máxima y partidos que se deciden por pequeños detalles.

Claves del encuentro:
El primer golpe: quien marque primero tendrá media batalla ganada.
La sequía del Oviedo: romperla es imprescindible para poder competir.
El Mallorca lejos de casa: sus desconexiones le penalizan demasiado.
Gestión emocional: un duelo así se juega tanto con la cabeza como con los pies.
Jugadores a seguir:
Leander Dendoncker (Oviedo): suele aparecer en momentos clave antes del descanso y puede cambiar inercias.
Vedat Muriqi (Mallorca): llega en racha y es la referencia que sostiene al equipo en los momentos más difíciles.

Bajas:
El Oviedo sigue pendiente de la evolución de David Carmo y Javi López. El Mallorca viaja con prácticamente toda la plantilla disponible.