El Barça conquista Praga en una noche más que trabajada.

Entre el frío extremo y el susto de Pedri, el FC Barcelona sacó su mejor versión gracias a los goles de Fermín, la magia de Dani Olmo y la persistencia del equipo que desactivaron la emboscada aérea de un Slavia que no se rindió.

No fue una noche sencilla en el Fortuna Arena. Fue una noche de pico y pala, de tiritar bajo los -5/-6 grados de la capital checa y de chocar contra un muro de intensidad. El FC Barcelona se encontró con un escenario hostil desde el primer minuto, donde el Slavia de Praga propuso una batalla física que por momentos desequilibró el juego asociativo de los visitantes.

Durante los primeros 25 minutos, el Barça fue incapaz de reconocerse. El equipo local activó una presión alta suicida que desconectó los circuitos de creación. Pedri, el faro habitual del equipo, vivió rodeado de camisetas rojiblancas; cada vez que intentaba girar, la telaraña local asfixiaba la salida de balón.

En ese caos, el Slavia sacó petróleo aprovechando su poderío físico. Los checos golpearon dos veces a balón parado, convirtiendo dos saques de esquina en goles que hicieron rugir a una grada inmune al frío. El primer tanto entró con suspense mientras Joan y De Jong buscaban el esférico, el segundo fue un golpe de mala suerte, una prolongación de Provod al primer palo impactó en la espalda de Lewandowski y se coló en la red.

Cuando peor pintaban las cosas, apareció Fermín López que firmó una primera parte estelar. En el 34′, tras una carrera de puro instinto, recibió un pase medido de Frenkie de Jong y, sin pensarlo, armó la pierna para mandarla a guardar. Solo ocho minutos después, en el 42′, el andaluz desató la locura con un disparo inapelable desde fuera del área para poner las tablas.

Pese a la reacción, las dudas persistieron en el costado derecho. Jules Koundé encadenó otra actuación gris, lejos de su mejor nivel. Tampoco fue una noche sencilla para Bardghji, que tuvo la difícil tarea de suplir a Lamine Yamal y se vio superado por el despliegue físico del Slavia.

La peor noticia llegó en el minuto 58. El partido se detuvo cuando Pedri quedó tendido en el suelo llevándose la mano a su aductor derecho. Los gestos del canario obligaron a su sustitución inmediata, encendiendo todas las alarmas en el cuerpo técnico.

Sin embargo, el fútbol es un juego de momentos. Dani Olmo, que entró por el lesionado Pedri, solo necesitó cinco minutos para cambiar el guión. En el 63′, cazó un balón en el borde del área y, con un derechazo espectacular, la clavó en la escuadra.

Flick refrescó el ataque con la entrada de Marcus Rashford, quien terminó de romper el partido. En una contra de manual, gracias a una gran carrera, sirvió un balón preciso para que Robert Lewandowski no perdonara. El polaco acomodó el cuero con el cuádriceps y, con un toque sutil antes de la salida del portero, cerró una victoria de prestigio en Praga.

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