Un solitario gol del valenciano en la primera parte decidió el duelo. Turrientes dio un recital en la medular y Son Moix acabó estallando contra su gente y directiva.
El fútbol no daba tregua en Son Moix. En un ambiente marcado por la transición en el banquillo tras el adiós de Jagoba Arrasate, Mallorca y Real Sociedad firmaron una batalla de pura garra. Con Martín Demichelis observando desde el palco, el partido comenzó con un ida y vuelta constante donde la pizarra se quedó a un lado para dejar paso a los duelos individuales.
El «Pirata» Muriqi fue el protagonista de la primera polémica. En el minuto 11, Igor Zubeldia se olvidó del balón para propinar un «abrazo de oso» al delantero dentro del área. Un agarrón que el colegiado, bajo su interpretación, decidió no pitar, pese a ser punible. El encuentro se tornó físico y Caleta-Car rozó la amarilla tras una entrada durísima sobre el propio Muriqi, el colegiado le perdonó una cartulina que le habría impedido jugar la próxima jornada.
Cuando el duelo parecía dormido, en el 36’, Oyarzabal inventó un pase para Guedes, que se midió con Valjent, el rechace fue un regalo para Carlos Soler, que llegando desde atrás cazó el balón en el punto de penalti y no perdonó para poner el 0-1.
Tras el descanso, el Mallorca salió con otra cara, más valiente. Los bermellones buscaron el empate con Jan Virgili dejando destellos de calidad y Muriqi empezando a ganar duelos aéreos y probando disparos, pero la puntería seguía siendo ausente en la isla.
Sin embargo, la Real Sociedad no se puso nerviosa. El equipo de Matarazzo supo dormir el encuentro a través de posesiones largas y un control absoluto del partido. Gran parte de culpa la tuvo Beñat Turrientes, que se adueñó del medio campo, escondió el balón cuando más quemaba y terminó llevándose un MVP más que merecido por su despliegue táctico.
El drama llegó en el minuto 75. Mojica puso un centro medido al corazón del área. Allí apareció solo y libre de marca Vedat Muriqi pero el pirata mandó el balón a las nubes cuando ya se cantaba el empate. Fue la ocasión más clara de un partido que se le escapó al Mallorca entre los dedos.
La Real Sociedad se marcha con tres puntos de oro que le asientan en la zona estable y les invitan a soñar con esos puestos europeos, mientras que a Demichelis le quedan bastantes tareas pendientes para devolver la paz al Mallorca.