El Sevilla FC está caminando por el alambre. A falta de pocas jornadas, con el equipo a solo dos puntos del descenso, Nervión vive en una tensión constante… y si hay una zona que simboliza este momento crítico, es la defensa. Porque si el Sevilla siempre ha sido un equipo competitivo, incómodo y duro atrás; ahora mismo, eso suena más a recuerdo que a realidad.
Las bajas que han destrozado el plan
Si hay una palabra que define la defensa del Sevilla esta temporada es fragilidad. Y gran parte de culpa la tienen las ausencias. Porque no es lo mismo perder a un jugador puntual que quedarte sin media defensa de golpe. Las bajas de José Ángel Carmona, Tanguy Nianzou y Marcao han dejado un agujero enorme. No hablamos de tres suplentes residuales, sino de futbolistas que estaban llamados a tener peso real en la rotación defensiva.
Sin ellos, el Sevilla ha perdido no solo efectivos, sino también equilibrio. Porque ahora mismo, cada partido obliga a recomponer la defensa casi desde cero. Y eso, en una liga como esta, es prácticamente una sentencia.

Parches, inventos y un equipo sin ideas claras
El problema ya no es solo quién no está, sino cómo se intenta solucionar. El Sevilla vive en modo supervivencia constante, tirando de lo que tiene y como puede. Jugadores fuera de posición, sistemas que cambian de un partido a otro, ajustes sobre la marcha; todo con un objetivo claro: tapar agujeros.
Y eso se ve en los detalles: balones mal defendidos, marcas que se pierden, despejes blandos o pequeños errores que acaban costando goles. Y cuando estás abajo en la tabla, cada gol en contra pesa el doble. La sensación es que el equipo no tiene una base sólida sobre la que construir. Y sin esa base, todo lo demás se tambalea.
Azpilicueta, pieza clave para la salvación
En medio de todo este contexto, ha empezado a coger vital importancia un nombre que conecta directamente con la identidad que el Sevilla ha perdido: César Azpilicueta. Su regreso de lesión no es solo una cuestión deportiva, es casi emocional. Porque Azpilicueta representa justo lo que ahora mismo no tiene el equipo: orden, experiencia, liderazgo y carácter competitivo.
No es el jugador más rápido ni el más vistoso, pero sí uno de esos que entienden perfectamente lo que exige cada partido. Y en una situación límite como esta, eso vale muchísimo más que cualquier otra cosa. No sería una solución mágica ya que el problema del Sevilla es colectivo, pero la vuelta de un perfil así podría ayudar a estabilizar una defensa que ahora mismo vive en el caos.
El descenso ya no es un fantasma
Durante mucho tiempo, hablar del descenso en el entorno del Sevilla parecía casi una exageración. Un recurso para meter presión, poco más. Pero eso ya se ha acabado, ahora es real, está ahí.
A solo dos puntos, cualquier tropiezo te mete de lleno en el problema. Y lo peor no es solo la clasificación, sino la sensación que transmite el equipo. Porque cuando un equipo defiende mal de forma constante, es muy difícil que encadene resultados positivos. El Sevilla necesita puntos, pero sobre todo dejar de conceder. Volver a ser incómodo, duro, fiable.