El Real Madrid culmina su semana de horror cayendo en Copa contra el Albacete

Hay derrotas que son accidentes y derrotas que son síntomas. Lo vivido esta noche en el Carlos Belmonte pertenece a la segunda categoría. El Real Madrid no solo perdió un partido de fútbol; perdió el norte en medio de una niebla espesa y fantasmal que terminó por devorar el debut de Álvaro Arbeloa como técnico del primer equipo. En una semana negra que empezó con la pérdida de la Supercopa, el conjunto blanco ha terminado de cavar su fosa en la Copa del Rey ante un Albacete que, con un presupuesto infinitamente menor pero un corazón gigante, le pintó la cara al coloso de Europa.
Lo que debía ser el inicio del «efecto Arbeloa» terminó siendo una de las debacles más sonadas del Real Madrid en la historia moderna del torneo. En un escenario donde apenas se alcanzaban a distinguir las áreas, el conjunto madridista se despidió del torneo del KO tras caer por 3-2 ante un rival heroico. La niebla no fue una excusa, sino el marco perfecto para un equipo que caminó a ciegas durante los noventa minutos.
Una posesión fantasmagórica
Desde una hora antes del encuentro, la capital manchega ya avisaba: la visibilidad iba a ser el jugador número doce. La niebla bajó sobre el césped como un telón pesado, convirtiendo el partido en una producción de suspense donde los jugadores apenas eran siluetas. En ese contexto, Arbeloa tomó su primera gran decisión: dejar en Madrid a Mbappé, Bellingham, Courtois y Rodrygo. Una apuesta por la «unidad B» y la cantera que, a la postre, resultó suicida.
El Madrid se adueñó del balón, pero fue una posesión anestésica. Con Fede Valverde intentando poner algo de orden y Vinícius pegado a una banda que parecía no tener fin entre la bruma, el equipo blanco se dedicó a dar pases horizontales sin ninguna intención de herir. El Albacete, cómodo en su papel de resistente, esperaba agazapado. La primera bofetada llegó en el minuto 42. Un saque de esquina, una marca perdida por el joven Mastantuono y un remate certero de Javi Villar , formado, para más inri, en La Fábrica, desataba la locura. El 1-0 era un grito de guerra en medio del silencio blanco. Solo un chispazo de orgullo permitió al Madrid empatar antes del descanso, cuando el propio Mastantuono cazó un rechace tras un cabezazo de Huijsen para poner el 1-1.
El colapso táctico y el factor Jefté
Tras el paso por vestuarios, se esperaba la reacción del gigante. Arbeloa movió el banquillo buscando frescura con Cestero y David Jiménez, pero el plan de juego seguía siendo un desierto de ideas. El Madrid dominaba, sí, pero era un dominio de cartón piedra. El Albacete, dirigido magistralmente desde la banda, cerró los pasillos interiores y obligó al Madrid a colgar balones sin sentido hacia un Gonzalo que peleaba contra gigantes.
Mientras la niebla se cerraba más y más, el Madrid se fue partiendo. La falta de un mediocentro de contención (con Tchouaméni en Madrid) dejó una autopista para las contras locales. En el minuto 80, tras un par de avisos que Lunin despejó con apuros, llegó el 2-1. Jefté aprovechó la caraja de la defensa madridista para fusilar la red. El Belmonte era una caldera; el Madrid, un manojo de nervios.
Un final de pesadilla para el Madrid
Lo que sucedió en el descuento fue un resumen perfecto de lo que es este Madrid actual: un equipo capaz de lo mejor y lo peor en segundos. En el minuto 92, cuando la eliminación ya se saboreaba en la grada, Gonzalo conectó un cabezazo estratosférico a centro de Arda Güler para poner el 2-2. Parecía el milagro de siempre, la prórroga como tabla de salvación.
Pero este Madrid no tiene la mística de antaño. En lugar de dormir el partido, los blancos se lanzaron a por el tercero con una imprudencia impropia de su categoría. En el minuto 94, en la última jugada del partido, el Albacete lanzó un contragolpe de manual. La defensa blanca retrocedió tarde y mal, permitiendo que Jefté, de nuevo él, recibiera en el balcón del área, recortara hacia dentro y batiera a Lunin con un disparo ajustado al palo.
Consecuencias de un desastre anunciado
El pitido final fue el inicio de un funeral. El Madrid se marcha de la Copa firmando un ridículo espantoso en el estreno de un Arbeloa que queda tocado de muerte antes de empezar. Sin puntería, sin intensidad y sin un esquema claro, el equipo ha tirado dos títulos en tres días. La niebla de Albacete ya es parte de la mitología negra del madridismo, una noche donde el equipo más laureado del mundo se perdió en la bruma y no supo encontrar el camino de vuelta.
FIRMADO: Irene Ortega Fuertes