El 17 de marzo del año 2026 será recordando, posiblemente, como el día en el que el fútbol recibió la puntilla y sufrió el mayor atropello de la historia.
En un momento en la historia donde en España todavía se sigue judicializando el ‘Caso Negreira’ y en Inglaterra hay varias causas abiertas contra equipos como Chelsea y, sobre todo, Manchester City, la CAF ha decidido enterrar de forma definitiva la credibilidad del fútbol.
En una decisión sin precedentes, el máximo organismo africano del fútbol decidió desposeer del título de campeona de la Copa África 2025 a la selección de Senegal y dar por vencedora a la selección de Marruecos, anfitriona del torneo.
Esta decisión ha desatado una marea de protestas en redes sociales en apoyo de los senegaleses y criticando tanto la decisión federativa como la falta total de coherencia de la sentencia.
Cronología de una copa manchada por la polémica
El 21 de diciembre, en el partido entre Marruecos y Comoras, se denunció el uso de punteros láser desde la grada sobre jugadores rivales y árbitros. Además, se producen las primeras críticas por el presumible trato preferencial a la selección anfitriona y la permisividad que se tuvo con el comportamiento de los aficionados marroquíes.
Cinco días después, en el encuentro que enfrentaba a Marruecos y Mali, ni el árbitro ni el VAR quisieron señalar un penalti en contra de la selección marroquí al final del partido. Sin embargo, desde el VAR sí que entraron a revisar varias jugadas en el área de la selección de Mali.
Ya en cuartos de final, la selección de Camerún debía enfrentar a Marruecos y también fue un partido cargado de polémicas: un penalti no pitado (ni revisado) sobre Mbeumo, una segunda tarjeta amarilla perdonada a Bilal El Khannouss y denuncias sobre un codazo no sancionado de Nayef Aguerd, fuera las quejas presentadas.
Ya en semifinales, con motivos del encuentro entre Marruecos y Nigeria, algunos medios africanos señalan varias decisiones polémicas que favorecen a Marruecos, reforzando así la idea de un arbitraje sistemáticamente inclinado hacia el anfitrión y empieza a surgir con fuerza una pregunta: ¿Está la AFCON amañada para favorecer a Marruecos?

La final más vergonzosa de la historia del fútbol
Todo comenzaría el día previo a la final, con la selección de Senegal denunciando y señalando problemas de seguridad en su llegada a Rabat y asegurando haber sufrido empujones en la estación y una grave falta de control en el entorno.
Además, los senegaleses presentaron quejas sobre los campos de entrenamiento y el hotel, negándose a utilizar el complejo Mohammed VI por considerarlo una ventaja deportiva a todas luces injusta favorable al anfitrión.
Ese día, la sensación en el ambiente es de que la selección y federación de fútbol marroquí exprimía al máximo el factor de anfitriones a nivel logístico, institucional y mediático.
18 de enero de 2026. Lo que debía ser la fiesta del fútbol africano se acabaría convirtiendo en la mayor vergüenza en la historia del fútbol, no sólo africano, sino también mundial.
De nuevo desde la grada se vuelven a vivir episodios de uso de punteros láser por parte de la afición marroquí, especialmente contra el portero de Senegal, Édouard Mendy. Se llegó a denunciar incluso un excesivo ambiente hostil, más allá de lo puramente deportivo.
‘La guerra de la toalla’
Las imágenes vistas por televisión de los recogepelotas marroquíes tratando de ROBAR la toalla del guardameta de Senegal para que no pudiera secarse los guantes, forman parte de uno de los episodios más tristes de la historia del fútbol. De hecho, el portero suplente de Senegal trataría de ejercer de ‘guardián de la toalla’, llegando a ser arrastrado por el suelo hasta por CUATRO recogepelotas marroquíes.

No contentos con estas imágenes, Ismael Saibari acabaría comportándose como un vulgar matón de barrio colocándose con actitud amenazante delante del portero suplente senegalés para amedrentarle y tratar de evitar que le facilitara la toalla a su compatriota Mendy.
Los minutos clave de la final
En un partido marcado por la igualdad en el marcador, los minutos finales serían un hervidero. Con Senegal atacando la portería marroquí, el equipo arbitral decidía anular un tanto a todas luces legal. Se producen las primeras quejas senegalesas, tanto dentro del campo como en la banda entre banquillos.
Inmediatamente después, Marruecos ve cómo se señala penalti a su favor por una discutible caída de Brahim dentro del área senegalesa. Esta sería la jugada que estaría el caos, y el origen de todo el conflicto que ha venido después.
Revisión en el VAR del penalti, protestas acaloradas y la selección de Senegal retirándose del terreno de juego hacia los vestuarios son sin duda la imagen que todos los aficionados conservan en sus retinas.
Nadie sabe qué ocurrió durante los quince minutos que estuvo detenida la final, ni qué se pudo llegar a hablar para convencer a los senegaleses de volver y disputar el resto de la final, pero el capitán senegalés, Sadio Mane fue uno de los pocos componentes que se mantuvo en el terreno de juego y todas las voces apuntan a su figura como clave para que se reanudase el encuentro.
Sea como fuere, la final se reanudó y Brahim Díaz, que había sido la estrella indiscutible de Marruecos durante el torneo, acabaría fallando el lanzamiento de penalti, desatando incluso la teoría de que el propio Brahim habría fallado el lanzamiento de forma deliberada.

En la prórroga el jugador del Villarreal, Pape Gueye, anotaría el gol de su vida (tanto por la belleza del gol como por la importancia) y Senegal terminaría levantando la copa de campeones y su seleccionador tendría que soportar los abucheos de los periodistas marroquís, llegando a tener que abandonar la rueda de prensa posterior al partido.
Sanciones, apelaciones… y vergüenza mundial
Los meses que han seguido a la Copa África 2025 han traído un sinfín de declaraciones, polémicas, sanciones… que han terminado cristalizando en la mayor vergüenza en la historia del fútbol y, posiblemente, del deporte mundial.
El 28 de enero se anunciaron las primeras sanciones por los hechos ocurridos:
- Multas importantes a la Federación Real Marroquí por comportamiento de recogepelotas, interferencias en la zona VAR/OFR y uso de punteros láser por parte de la afición local.
- Sanciones a jugadores como Achraf Hakimi e Ismaël Saibari por conducta antideportiva, dentro de un comunicado donde la CAF habla de “comportamiento inaceptable” en la final.
En febrero de este mismo año, la federación marroquí apela en un desesperado intento por incrementar la presión sobre el ente federativo africano, anunciando recursos contra parte de las sanciones impuestas por la CAF y solicita la aplicación los artículos 82 y 84 contra Senegal por su abandono temporal del campo, buscando la incomparecencia del equipo senegalés.
En este momento, el debate público gira radicalmente hacia si Marruecos intentaba ganar en los despachos lo que no pudo «ganar» sobre el césped.
Marzo de 2026. La CAF emite un comunicado en el que estima el recurso marroquí, concluye que Senegal infringió el artículo 82 y le aplica el 84, dando por perdida la final a los que sí la ganaron en el campo y contra todos los elementos, y fijando un 3‑0 administrativo a favor de Marruecos.
Se ajustan algunas sanciones a Marruecos en un intento de maquillar el vergonzoso episodio que se estaba viviendo (se reducen algunas multas, se rebaja el castigo a Saibari -precisamente uno de los peores comportamientos visto a través de las cámaras- ), pero se mantienen varias responsabilidades disciplinarias del anfitrión.
Y Marruecos organizará el mundial de 2030 junto a España
Lo ocurrido en esta Copa África golpea de lleno la credibilidad del fútbol como competición meritocrática y refuerza la sensación de que, a cierto nivel, el resultado ya no se decide solo en el césped sino también en los despachos.
Para la imagen global del juego, una final convertida en expediente disciplinario deja heridas: alimenta el cinismo del aficionado, desgasta la confianza en los árbitros y en los organismos que deberían garantizar justicia deportiva, y convierte lo excepcional en sospecha recurrente cada vez que un país anfitrión se ve beneficiado.
En el caso concreto de Marruecos, su entrada en el foco de la polémica llega a las puertas de un Mundial organizado junto a España y Portugal, y eso coloca bajo la lupa todo lo que tenga que ver con arbitrajes, logística, trato a las selecciones visitantes o uso del factor campo: cualquier detalle polémico se leerá a la luz de este precedente.
Si el país gestiona bien la herida —con transparencia, autocrítica y estándares altos de organización— puede transformar la narrativa y demostrar que está preparado para un evento de máxima exigencia; si no, corre el riesgo de que el relato del “anfitrión beneficiado” contamine también la percepción del Mundial y sitúe a FIFA y a los coorganizadores europeos en una posición incómoda frente a la opinión pública.
Pero por desgracia, el fútbol, tal y como lo conocemos, ha muerto.