Por un fútbol justo y popular

Los aficionados en Italia han dicho ‘basta’. Desde el país con forma de bota los aficionados comienzan a organizarse y han puesto en marcha una campaña bajo el lema ‘Por un fútbol justo y popular’ cuyo objetivo es combatir el elitismo que se está apoderando del fútbol moderno.

Qué es la campaña “Por un fútbol justo y popular”

El detonante que hizo nacer esta campaña radica, principalmente, en el encarecimiento del precio de las entradas. Y en Italia los aficionados han dicho ‘basta’ y han comenzado a organizarse en colectivos y asociaciones para defender esa tradición obrera de los clubes y estadios italianos como sus ‘herederos’.

El mensaje que se lanza desde las asociaciones de aficiones es claro, directo y apunta en una dirección: el fútbol se ha ido alejando de quienes lo sostuvieron durante décadas, sustituyendo a la afición local y fiel por un público más ocasional, turístico y pudiente.

Recomendación lectora: Odio el fútbol moderno.

«Precios populares», «fútbol para todos» o «contra el espectáculo de lujo», son algunos de los lemas que se pueden leer de forma frcuente en las pancartas que estas agrupaciones de aficiones exhiben en los estadios cada semana. Es la manera que tiene de denunciar y exponer la forma en la que el equilibrio entre la sostenibilidad económica y la accesibilidad social se ha roto desde hace ya tiempo.

Foto: The Guardian

Reivindicaciones y propuestas de los aficionados

El corazón de esta campaña es, sin duda alguna, la reclamación de establecer precios populares con el objetivo de permitir a los jóvenes y familias trabajadoras poder acudir de nuevo a los estadios sin que esto suponga un esfuerzo económico fuera de su alcance.

Así mismo, proponen de igual forma establecer tarifas asequibles para los grupos y gradas de animación, limitar el establecimiento de precios más elevados en función del rival o la demanda de entradas y la protección de ciertos sectores del estadio como espacios específicamente destinados a la afición local.

Más allá de la cuestión económica, encontramos las quejas por los horarios subyugados a la parrilla televisiva.

Los horarios impulsados por las televisiones ha provocado una fragmentación de las jornadas ligueras que dispersa los encuentros en el calendario semanal ubicando los partidos en franjas horarios poco ‘amistosas’ para la rutina laboral de los aficionados de a pie. Se pide, por tanto, calendarios que faciliten los desplazamientos de los aficionados y mantengan vivo ese ‘fútbol de fin de semana’.

Foto: India Today

El problema de fondo: de rito popular a espectáculo de lujo

Esta protesta de los aficionados italianos no surge de un día para otro ni nace del vacío o la nada absoluta, sino que responde a la transformación que ha ido experimentando el fútbol (no sólo italiano sino europeo y mundial) en las últimas décadas.

La venta de los derechos televisivos al alza, unas políticas comerciales por parte de los clubes agresivas y estrategias para maximizar los ingresos en los días de partido, es una combinación de factores que ha derivado en un incremento sostenido en el tiempo de los precios de entradas y abonos, con especial impacto en las grandes ciudades y en los clubes de la élite, que han visto cómo se iban sustituyendo los aficionados de toda la vida por aficionados casuales y turistas que eligen la asistencia a un partido de fútbol como parte de su ‘City tour experience’.

Esto ha provocado que se pierdan esos sectores en las gradas que contribuían a dar el sentimiento de pertenencia e identidad y, lo que es peor aún, a un ‘enfriamiento’ de las gradas, lo que ha cristalizado en una erosión de la cultura local del fútbol.

Un debate que atraviesa toda Europa

Este movimiento surgido en Italia no es algo nuevo dentro de Europa. En Inglaterra, uno de los lugares donde más se ha intentado cuidar a los espectadores, el movimiento ‘Twenty’s Plenty’ se hizo famoso por sus protestas para limitar los precios de las entradas, algo que terminaron logrando. En Alemania, los aficionados se movilizaron contra la entrada de fondos de inversión en los clubes y contra medidas que fueron consideradas como una amenaza al modelo de club arraigado en sus comunidades.

Foto: Daily Record

La tensión creciente entre el auge del negocio global y el papel de los hinchas tradicionales se ha convertido en denominador común de esta situación en los diferentes países europeos.

Además, la expansión internacional de los clubes que miran a mercados como el árabe, el estadounidense o el asiático, la venta de los derechos televisivos a escala planetaria y la búsqueda de nuevas audiencias no han hecho sino reforzar la visión del aficionado como cliente de los clubes, presentándose esta situación como algo que choca con quienes conciben el fútbol como un espacio de pertenencia cultural más que como un simple entretenimiento o un negocio.

Uno de los grandes ejemplos de esta situación es la reacción que distintos países y grupos de aficionados han tenido en contra de la creación de la Superliga de fútbol.

La mirada desde España

En España, el eco de esta campaña también se ha hecho plausible y con numerosos grupos de aficionados quejándose de los mismos problemas que afectan ya a media Europa: entradas caras, horarios incómodos para muchos aficionados, excesivas dificultades para desplazarse y la sensación de que el fútbol se ‘vende’ más para el consumo televisivo que para asistir a los estadios, suponen una invitación a pensar en un nuevo modelo en España al igual que en Italia, Inglaterra o Alemania.

Clubes, ligas y administraciones deben tomar muy en serio esta advertencia: si los precios siguen esta dinámica ascendente y los calendarios continúan siendo sometidos únicamente a las necesidades de la televisión, los riesgos de vaciar los estadios de la base social de siempre y entregarla al turismo y al consumo es cada vez mayor.

Preguntarse quién puede entrar hoy a un estadio y quién se está quedando fuera puede darnos una respuesta para iluminar buena parte del futuro del fútbol como rito compartido y sentimiento de pertenencia e identidad o como un simple producto de lujo empaquetado para la audiencia global.

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