Boyé rescata un punto para el Alavés en un duelo de fe y resistencia

El partido arrancó con un ambiente especial en Mendizorroza. Antes del pitido inicial, el estadio rindió homenaje al Baskonia, reciente campeón de la Copa del Rey tras imponerse al Real Madrid en el Roig Arena, un reconocimiento que encendió aún más a la grada en la fría noche vitoriana. A las 21:00, el balón echó a rodar con Deportivo Alavés y Girona FC como protagonistas.

El guion saltó por los aires muy pronto. En el minuto 5, el Alavés golpeó primero con una acción directa y perfectamente ejecutada. Pacheco lanzó un pase largo cruzado desde campo propio que encontró la carrera de Youssef Enríquez. El extremo controló orientado hacia línea de fondo y puso un centro raso que Lucas Boyé, completamente solo, empujó a la red. El disparo fue limpio, aunque quedó la sensación de que Paulo Gazzaniga pudo hacer algo más para evitar el 1-0.

Lejos de acusar el golpe, el Girona asumió el control del encuentro desde la posesión. El equipo catalán monopolizó el balón, moviéndolo con paciencia, aunque sin traducir ese dominio en ocasiones claras. El Alavés, en cambio, volvió a avisar en el minuto 7 y volvió a demostrar que cada transición suya llevaba veneno.

La ocasión más clara del Girona en ese tramo llegó en el minuto 22. Bryan Gil probó suerte tras una acción por banda izquierda, con un centro que tocó en Pacheco y se marchó a córner por muy poco. A pesar del dominio territorial, los de Míchel no lograban generar peligro real ante un Alavés bien plantado y solidario en defensa.

El premio al empuje visitante llegó a balón parado. En el primer gol encajado por el Alavés en un córner en toda la temporada, el Girona encontró el empate. El saque al primer palo fue peinado por Axel Witsel y en el segundo apareció Artem Dovbyk Vanat para empujarla a placer en boca de gol, firmando su octavo tanto del curso.

Tras el empate, el Alavés logró rehacerse en el tramo final del primer acto. Subió líneas, presionó más arriba y consiguió que el juego se desarrollara lejos de su área durante varios minutos. Aun así, el Girona terminó el primer tiempo creciendo. Iván Martín obligó a Antonio Sivera a lucirse con una intervención salvadora tras una buena triangulación en la frontal, mientras Tsygankov y Bryan Gil insistían por bandas.

El descanso llegó tras cuatro minutos de añadido con la sensación de que el Girona había tenido el control, pero el Alavés las ocasiones más claras. Boyé adelantó muy pronto a los locales, el conjunto vitoriano perdonó el segundo en varias acciones y el Girona encontró el empate desde el balón parado. Todo quedaba abierto para una segunda parte que prometía emociones fuertes.

La segunda mitad arrancó con un Alavés mucho más reconocible. El equipo de Eduardo Coudet dio un paso al frente, elevó la intensidad y empezó a discutirle el balón a un Girona que ya no dominaba con la misma comodidad que en el primer acto. Mendizorroza empujaba y el conjunto vitoriano respondía con agresividad, segundas jugadas y llegadas por banda.

El Alavés acumuló aproximaciones en los primeros compases. Toni Martínez, Aleñá y Tenaglia rozaron el gol, mientras Paulo Gazzaniga sostuvo a los suyos con varias intervenciones de mérito pese a jugar con molestias en la mano tras un golpe fortuito. El partido había cambiado de ritmo: el Girona sufría en los duelos y el Alavés encontraba continuidad en campo rival.

Para recuperar el control, Míchel Sánchez agitó el banquillo. La entrada de Azzedine Ounahi resultó determinante. El marroquí aportó pausa, calidad entre líneas y una amenaza constante cada vez que recibía de cara. En una de sus primeras acciones, el Girona lanzó una transición perfecta: Bryan Gil habilitó a Ounahi y este filtró un pase magistral para Viktor Tsygankov, que regateó a Sivera y marcó a puerta vacía para silenciar Mendizorroza en el minuto 73.

El golpe fue duro, pero el Alavés no bajó los brazos. Con el paso de los minutos, los vitorianos se volcaron sobre el área catalana, conscientes de que el empate todavía era posible. Coudet quemó naves, acumuló hombres arriba y buscó el gol por fuera y a balón parado, mientras el Girona trataba de enfriar el partido a través de la posesión.

Cuando el encuentro parecía decantarse definitivamente del lado visitante, apareció Lucas Boyé para cambiarlo todo. En el minuto 89, un centro desde la izquierda encontró al delantero argentino, que firmó un remate de auténtico ‘nueve’, un cabezazo potente y colocado, lejos del alcance de Gazzaniga, para desatar la locura en Mendizorroza. El tanto fue revisado por un posible agarrón previo, pero finalmente Cordero Vega dio validez al gol ante el enfado monumental del banquillo visitante.

El empate dio paso a un final caótico, con nueve minutos de añadido y ambos equipos buscando el gol de la victoria. Toni Martínez tuvo la última para el Alavés, pero su cabezazo se marchó desviado. Ya no hubo tiempo para más.

El pitido final cerró un partido vibrante, de alternativas constantes, en el que el Girona volvió a demostrar su personalidad con balón, pero en el que el Alavés, empujado por su gente, encontró premio a su fe y a su insistencia hasta el último suspiro.

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