Durante unos pocos días en mayo de 2012, el tradicional color rojizo de la tierra batida desapareció en Madrid, dando paso a una superficie azul intensa que rompía con la tradición. Aquella decisión, impulsada por el empresario rumano Ion Tiriac, convirtió al Mutua Madrid Open en el centro del mundo deportivo, generando un debate que todavía hoy sigue vigente en las conversaciones de los aficionados al tenis.
La idea de cambiar el color de la tierra batida surgió debido a que Ion Tiriac llevaba años buscando formas de diferenciar su torneo del resto de competiciones del circuito ATP y WTA. Dentro de un contexto en el que el deporte dependía cada vez más de su impacto en televisión y en redes sociales, el organizador entendía que mejorar la visibilidad del juego era importante. El tenis sobre tierra batida presenta un contraste bajo entre el amarillo de la pelota y el fondo rojizo, especialmente en retransmisiones antiguas o en algunas condiciones de luz más específicas en determinadas horas del día. El color azul daba una visibilidad mayor, facilitando el seguimiento de la bola tanto para los espectadores en casa como para los aficionados en el estadio.
Tras un largo proceso de pruebas y negociaciones, dieron luz verde al experimento. Así, en 2012, las pistas de la Caja Mágica fueron transformadas por primera vez en la historia del tenis profesional, en un torneo que se disputaría sobre tierra batida azul, también llamada «Blue Clay».

Como ya sabemos, cualquier mínimo cambio en las condiciones y características de cualquier elemento implicado en un partido de tenis a nivel profesional, puede traducirse en un gran cambio a nivel de juego. A simple vista, el cambio parecía solo estético, pero en realidad implicaba una modificación delicada en la superficie. El color azul no provenía de un material distinto, sino de la propia tierra batida tratada con un pigmento azul. Para conseguirlo, se aplicaba una mezcla química que teñía los granos de tierra.
La estructura de la pista seguía respetando el modelo clásico de la tierra batida: una base de materiales drenantes, capas intermedias compactadas y una capa superior de polvo de ladrillo triturado. Sin embargo, ese material, al haber sido tratado para adquirir el color azul, alteraba ligeramente su comportamiento. Y fue precisamente ahí donde comenzaron los problemas.
Rafa Nadal y Novak Djokovic en desacuerdo
Muchos jugadores se dieron cuenta rápidamente las diferencias en la pista. Uno de los aspectos más criticados fue el deslizamiento. En la tierra batida roja, los tenistas utilizan el deslizamiento como una recurso fundamental para llegar a bolas difíciles y mantener el equilibrio en intercambios largos. En Madrid la superficie resultaba más resbaladiza de lo habitual, lo que generaba inseguridad en los movimientos y riesgos bastantes más elevados de lesión.
El bote de la pelota tampoco era el mismo. Aunque no todos coincidían en que fuera irregular, sí existía la sensación de que la pista no respondía igual que la tierra batida tradicional. Algunos jugadores incluso afirmaron que la velocidad del juego era mayor, acercándose en ciertos momentos a la de superficies más rápidas. La pista de tierra batida azul ofrecía un juego más rápido, con puntos más cortos y con mayor importancia del saque. El bote de la pelota era más bajo y menos pesado, y en ocasiones irregular, lo que dificultaba el control.
Las críticas no tardaron en llegar. Rafa Nadal y Novak Djokovic, entre otros, expresaron su preocupación, especialmente por el riesgo de lesiones derivado de los resbalones. Ambos coincidían en que el problema no era el color en sí, sino las condiciones de juego que generaba la superficie. “Nunca tuve el control del partido, no sabía cómo ganar un punto… No fui lo suficientemente bueno para adaptar mi juego a esta pista. Si las cosas siguen así, será muy triste. El próximo año esto será un evento menos en mi calendario.” Dijo Rafa Nadal.
“Aquí no puedes predecir el rebote o el movimiento de la pelota. Pueden hacer lo que quieran, pero no estaré aquí el próximo año si este polvo de ladrillo se queda.” Dijo Novak Djokovic.
Roger Federer se supo adaptar
A pesar de la polémica, el torneo siguió adelante y dejó dos ganadores de enorme prestigio y para la historia. En el cuadro masculino, el campeón fue Roger Federer, quien logró imponerse en la final a Tomas Berdych, y dejó por el camino a jugadores como David Ferrer o Milos Raonic. Es el único jugador de la historia que ha ganado el Mutua Madrid Open en tres superficies diferentes: pista dura, tierra batida tradicional y tierra batida azul. Esto dijo el suizo sobre la jugabilidad de aquellas pistas: «Es resbaladizo, no hay duda al respecto, pero así ha sido aquí durante unos años… Nuestro trabajo cada día es adaptarnos a las condiciones que enfrentamos.»
En el cuadro femenino, la vencedora fue Serena Williams, otra de las grandes leyendas del tenis mundial. Que dos figuras de tal magnitud levantaran el título no fue suficiente para legitimar la continuidad del torneo en el circuito de cara a la siguiente temporada. El problema fue el rechazo generalizado de los jugadores. En un deporte como el tenis, donde la superficie condiciona tanto el estilo de juego, cualquier cambio debe contar con la aceptación de quienes compiten. Y en este caso, esa aceptación nunca llegó.
Más allá de las opiniones, también hubo factores técnicos que influyeron en el fracaso del experimento. Las condiciones meteorológicas jugaron un papel importante, ya que las lluvias durante el torneo afectaron al estado de las pistas, haciéndolas más duras y rápidas de lo previsto. El sistema de drenaje no respondió de la manera esperada con la nueva superficie. Esto contribuyó a aumentar la sensación de inestabilidad y a reforzar las críticas.
Desaparición del torneo
Ante la presión, la ATP tomó una decisión firme. Para la edición de 2013, el torneo volvería a la tierra batida tradicional. La superficie azul quedaba así descartada tras una única aparición, convirtiéndose en un experimento irrepetible dentro del circuito profesional. Desde el punto de vista deportivo, es evidente que no funcionó ya generó rechazo, problemas de juego y preocupación entre los jugadores. Pero desde un punto de vista mediática, el impacto fue enorme. Durante aquellos días, el torneo de Madrid acaparó la atención mundial.
Más de una década después, aquel episodio sigue siendo recordado, especialmente cada vez que se celebra una nueva edición del Mutua Madrid Open. Para algunos aficionados, fue una idea adelantada a su tiempo que necesitaba más desarrollo. Para otros, un error innecesario que alteró la esencia del juego. Lo cierto es que dejó una imagen imborrable. La de algunos de los mejores tenistas de la historia compitiendo sobre una superficie azul que parecía sacada de otro deporte.