La gira europea sobre tierra batida tiene en Roma la última prueba antes del gran evento del año en esta superficie: Roland Garros. El torneo italiano actúa como una referencia clave para los jugadores, ya que reestablece las condiciones de la tierra batida tras el paso por Madrid, cuya altitud cambia por completo las características de la pista y del juego.
En todas las pistas de tierra batida, uno de los aspectos más importantes del juego es la interacción entre la pelota y la superficie. La arcilla genera una fricción tan alta que las pelotas no solo botan más alto, sino que lo hacen dando mas vueltas, es decir, favorecen los golpes liftados y hacen que los tenistas tengan más tiempo para golpear la pelota. Esto último era uno de los grandes motivos por los que Rafa Nadal era tan bueno sobre esta superficie. Jugadores especialistas en tierra batida pueden alcanzar revoluciones extremadamente altas, generando trayectorias difíciles de controlar. Como consecuencia, el juego en esta superficie exige una gran capacidad física: desplazamientos laterales constantes, resistencia y una técnica muy bien ajustada para calcular la distancia al punto de impacto de la manera correcta.
En comparación a Roma, en Madrid, la menor densidad del aire debido a la altitud permite que la pelota viaje más rápido y con menos resistencia. Esto reduce el tiempo de contacto con las cuerdas y dificulta el control. Por eso el Mutua Madrid Open no sirve realmente para preparar Roland Garros. En cambio, en Roma el aire es más denso y ralentiza la bola, incrementa el control y hace que los intercambios sean más largos.
El clima también es muy importante en el comportamiento de la pista. Durante el mes de mayo, las variaciones de humedad y temperatura pueden alterar significativamente el bote de la pelota. En días soleados, la superficie se seca, lo que produce botes más altos y rápidos, favoreciendo a los jugadores con efectos liftados. En condiciones húmedas, la pelota absorbe agua, aumenta su peso y el bote se vuelve más bajo. Esto puede cambiar por completo la dinámica del partido.
En Roma existe otro factor que, podría ser más o menos determinante, pero existe: la cercanía del público. La configuración de las pistas generan una sensación de menor espacio, lo que puede influir en el estilo de juego del tenista. Esta percepción obliga a reaccionar con mayor rapidez y puede fomentar un estilo de juego más agresivo. A diferencia de otras pistas más abiertas, como Roland Garros, donde los jugadores tienen margen para retroceder varios metros, en Roma el posicionamiento debe ser más preciso.
Roma obliga a los jugadores a abandonar los ajustes hechos específicamente para pistas de mayor altitud. De esta manera pueden reconectar con las condiciones clásicas de la tierra batida.