Este sábado, el fútbol alemán se detiene para asistir al enfrentamiento entre los dos gigantes de la Bundeliga. Sin embargo, el Klassiker es una rivalidad que se ha ido construyendo a lo largo de varias décadas. Para entender cómo se llegó hasta aquí, hay que regresar a una época en la que el principal rival del conjunto bávaro era otro Borussia.
Una rivalidad desigual
Durante los años setenta, el Borussia Mönchengladbach fue el gran adversario del gigante alemán en la lucha por el fútbol alemán. Ambos clubes dominaron la Bundesliga y se repartieron nueve títulos ligueros durante aquella década.
El equipo amarillo, pese a haber conquistado la Recopa de Europa en 1966, atravesó una etapa mucho más complicada. Su situación deportiva era tan extrema que encadenó cuatro temporadas en Segunda División durante los años setenta. Mientras el Bayern conquistó tres Copas de Europa consecutivas entre 1974 y 1976.
La distancia entre ambos equipos era enorme y hubo un resultado que retrató esa época. En 1971, temporada en la que el cuadro amarillo descendió por única vez en su historia, el campeón alemán goleó a su rival por 11-1, con jugadores como Gerd Müller y Franz Beckenbauer como protagonistas.
La goleada simbolizó la enorme distancia que separaba a ambos equipos en aquel momento. Todavía faltaban años para que el cuadro borusser adquiriese la capacidad de competir regularmente por los mismos objetivos que su rival. El Klassiker actual aún estaba lejos de existir.

Hitzfeld cambia el destino del Dortmund
El punto de inflexión llegó en los años noventa. Bajo la dirección de Ottmar Hitzfeld, empezó a recuperar protagonismo y conquistó dos Bundesligas consecutivas, en las temporadas 1994/95 y 1995/96. El equipo ya no se limitaba a competir por los puestos europeos: aspiraba a dominar Alemania.
La transformación también se trasladó al escenario internacional. En 1997, conquistaron la Champions League tras derrotar a la Juventus en la final. Un año después, eliminó al Bayern en los cuartos de final de la edición 1997/98, reforzando su condición de potencia europea.
Sin embargo, la rivalidad todavía necesitaba un nuevo impulso para convertirse en uno de los grandes acontecimientos del calendario futbolístico.

La era Klopp lleva el duelo a otra dimensión
La llegada de Jürgen Klopp al banquillo de los negriamarillos en 2008 marcó el inicio de una etapa decisiva. El entrenador construyó un equipo reconocible, intenso y competitivo que conquistó la Bundesliga en 2011 y 2012. En la segunda de aquellas temporadas, el Dortmund completó el doblete al derrotar al equipo de Robben y Ribéry por 5-2 en la final de la Copa de Alemania, con un triplete de Robert Lewandowski.
Durante dos temporadas consecutivas, el combinado entrenado por Heynckes, tuvo que contemplar el dominio del conjunto amarillo. Los enfrentamientos directos adquirieron una trascendencia especial porque ya no solo medían a dos clubes históricos: enfrentaban a los dos proyectos que aspiraban a controlar la Bundesliga.
La rivalidad alcanzó su mayor escaparate internacional el 25 de mayo de 2013, cuando ambos equipos disputaron la final de la Champions League en Wembley. El Bayern se impuso por 2-1 gracias a un gol de Arjen Robben en los últimos minutos. Era la primera y única final de la máxima competición europea entre los dos clubes y una demostración de hasta dónde había llegado su enfrentamiento.
El equipo de Klopp perdió aquella noche, pero su presencia en la final confirmó que podía competir de tú a tú con el gigante de Múnich en el escenario más importante.

¿Cuándo nació realmente el Klassiker?
La rivalidad se fue construyendo poco a poco durante los años noventa, la disputa por la Bundesliga durante la etapa de Klopp y la final europea de 2013. El término Der Klassiker se popularizó relativamente tarde, especialmente a medida que el enfrentamiento adquirió mayor proyección internacional.
Esa etiqueta no significa que ambos clubes hayan mantenido siempre una rivalidad igualada. El Bayern ha conservado una posición dominante durante buena parte de la historia de la Bundesliga. Pero el Dortmund ha demostrado, en distintas épocas, que puede cuestionar esa hegemonía.
Por eso, el clásico alemán, no nació ni con el 11-1 ni en la final de Champions de 2013. Su historia es la de transformación, de dos equipos marcados por la desigualdad que encontró la competencia para convertirse con los años en uno de los grandes partidos del fútbol mundial.