El inicio de la temporada regular de los Philadelphia Sixers está siendo más que favorable. Con un balance positivo de 8-2, gran parte de los aficionados califican a la franquicia como un equipo aspirante para llegar lejos en esta campaña de la NBA. Sumado a este notable rendimiento, la llegada del experimentado LeBron James ha sido un descubrimiento fabuloso para mejorar a la plantilla.

Y no es para menos, porque King James afronta su vigesimocuarto año en la competición más exigente del baloncesto, esta vez defendiendo la camiseta de los Sixers y con varias actuaciones que ayudaron a conseguir triunfos. James promedia un total de 15 puntos por partido además de 7 rebotes y asistencias en un total de 6 encuentros disputados (perdiéndose el duelo con los Bucks y Charlotte Hornets)
Una pieza indiscutible dentro del vestuario. Al borde de sus 42 años, los Sixers buscaban a un jugador con veteranía capaz de aportar mentalidad ganadora al grupo y competir por el anillo. Esto no es una realidad pero, con roster lleno de grandes talentos como Joel Embiid, Tyrese Maxey o Jaylen Brown y comandado por él hay motivos para soñar.

Afición y franquicia con expectativas más que altas. Tanto internamente en los Sixers como en su afición, no esperaban un gran desempeño del ex jugador de Lakers e incluso desde el punto de vista de los expertos y los medios de comunicación, afirma que todo lo que no sea llegar a finales de NBA sería un fracaso.
Un rol en la sombra. Aunque no registra una cifra desorbitada en la anotación, la presencia del Rey James en pista aporta efectividad y liderazgo sin necesidad de un compromiso pleno durante un encuentro.

De cara al futuro, la relación Sixers y Lebron madurará y el tiempo nos confirmará si, verdaderamente, con su plantel repleto de estrellas, talentos prometedores y la mentalidad ganadora o liderazgo que caracteriza a James, son motivos suficientes para que Philadelphia consiga el anillo 43 años después.