Optimismo en el entorno del Granada CF, por fin el culebrón de la venta de Granada llega a su fin y es que Michael Schwimer se va a hacer con la mayor parte de accionariado del club, aunque el éxito dependerá de cómo se ejecute el proyecto.
Lo más interesante del perfil de Michael Schwimer es que no procede del modelo tradicional de propietario de fútbol. Su filosofía se basa en el análisis de datos, la estadística avanzada y el big data, siguiendo una línea similar a la popularizada por Moneyball: buscar jugadores infravalorados, optimizar los recursos y tomar decisiones apoyadas en modelos objetivos más que en la intuición.
La elección de Ignacio Beristain como presidente ejecutivo también parece coherente con esa idea. Su experiencia en clubes portugueses como el Rio Ave y el Estoril le ha permitido trabajar en entornos donde se ha dado mucha importancia a la captación de talento, el desarrollo de futbolistas y la sostenibilidad económica. Si además llega acompañado de personas de confianza de Schwimer, es probable que exista una estructura de trabajo bien definida desde el principio.
Sin embargo, el fútbol siempre pone a prueba cualquier metodología. Los datos ayudan a reducir errores, pero no sustituyen el buen criterio deportivo, el conocimiento del vestuario, la gestión de la cantera ni la relación con la afición. Los mejores proyectos suelen combinar ambas cosas.
Después de casi dos años de incertidumbre con la venta del club, lo más positivo es que el Granada CF parece estar cerca de cerrar definitivamente esa etapa. Si los nuevos propietarios consiguen construir un proyecto estable, con una dirección deportiva competente y una planificación a medio y largo plazo, el club puede volver a aspirar a consolidarse en el fútbol profesional español.
Al final su éxito será también el de la afición. Los granadinistas llevan demasiado tiempo esperando estabilidad y un proyecto ilusionante. Ojalá esta nueva etapa marque el inicio de un Granada CF más fuerte, competitivo y con una identidad clara.