Tras las primeras jornadas ligueras, el Villareal Club de Futbol se enfrentaba como local ante el Nápoles en La Cerámica, con ciertas dudas debido a su mal arranque en los 8 partidos disputados en La Liga EA Sports, ganando 2 partidos, empatando 2 y perdiendo hasta en cuatro ocasiones ante Alavés, Deportivo de la Coruña, Real Betis Balompié y Real Madrid, este último el pasado sábado 10 de octubre. Con 8 puntos posibles de 24 en liga y 0 puntos de 3 posibles en Champions League tras caer como visitante ante el Borussia de Dortmund por 3-2, el conjunto groguet llegaba con una serie de dudas, ya que el juego del combinado de Villarreal no acababa de convencer, puesto que no tiene tanto un problema para generar fútbol, sino para controlar los partidos y protegerse cuando pierde la posesión.
Anoche, el conjunto liderado por Íñigo Pérez pasó por encima de un Nápoles de Massimiliano Allegri, el cual también visitaba La Cerámica con muchas dudas. En los partidos anteriores a este, cuando el Villarreal encajaba, los jugadores pecaban de inquietud y tensión. El nerviosismo podía llevarle a precipitar los ataques, jugar con menos paciencia y perder el equilibrio entre la presión y la defensa. En lugar de seguir insistiendo en los mecanismos trabajados, el equipo podía caer en la urgencia de buscar una solución inmediata.
Sin nervios los resultados llegaran
En el día de ayer, el submarino amarillo manifestó de sobra que tiene argumentos más que suficientes para levantar el vuelo, tanto en Liga como en Champions. En el minuto 8′ de partido, el Nápoles se adelantó con un gol de rebote del defensa central Amir Rahmani. El Villarreal no desistió y no le temblaron las piernas, pese a la presión de no poder puntuar los tres puntos. No cambió su plan de juego y el portero rival tuvo que recoger el esférico de la red hasta en tres ocasiones distintas, con tres remates de calidad de Georges Mikautadze, en el 23′; de Santiago Mouriño, en el 26′; y, para culminar la remontada, del canadiense Tani Oluwaseyi, que anotó a cuatro minutos del final, para culminar una gran remontada en la segunda jornada de la Champions League.
El arquitecto tiene las piezas, ahora toca creer
Tras el gran final de temporada quedando terceros en liga con 72 puntos en la temporada 2025-26, Marcelino García Toral no renovó contrato con el submarino amarillo, los gorguets han apostado por un entrenador que hizo que todo un barrio entero soñase en conquistar Europa, tras la gran temporada pasada de Iñigo Pérez con el Rayo Vallecano, llegando a clasificarles a la final de la Conference League.
Íñigo Pérez apuesta por un fútbol valiente, basado en la presión alta, la intensidad y la verticalidad en ataque. Sus equipos buscan ser protagonistas, recuperar rápido el balón y aprovechar los espacios mediante el talento y la movilidad de sus jugadores. Aunque este estilo también implica riesgos, el Villarreal cuenta con una plantilla capaz de desarrollarlo.

La calidad individual es otro de los grandes argumentos de este Villarreal. La plantilla cuenta con jugadores capaces de marcar diferencias, aportar creatividad en los últimos metros y resolver partidos gracias a su talento. Con una combinación de experiencia, juventud y recursos ofensivos, el submarino tiene mimbres suficientes para competir contra grandes rivales. El reto está en convertir todo ese potencial en resultados y demostrar que, pese a las dudas iniciales, este equipo tiene mucho que ofrecer.
Pese al mal comienzo, hay motivos para confiar en el proyecto, el arquitecto tiene las piezas y el submarino, el potencial necesario para volver a ilusionar.
El Villarreal Club de Futbol, talento de sobra, un entrenador con ideas y motivos para confiar en la remontada.