Tras décadas de eliminaciones dolorosas ante Francia, la selección española afronta el duelo de hoy con la confianza de quien ha aprendido a vencer a su antiguo verdugo.
Hubo un tiempo en el que escuchar el nombre de Francia en un gran torneo despertaba un sentimiento de preocupación en el fútbol español. La selección francesa se convirtió durante décadas en el rival que más veces frustró las aspiraciones de España en las grandes citas, alimentando la sensación de que existía una barrera psicológica difícil de superar.
Todo comenzó en la final de la Eurocopa de 1984. Con el Parque de los Príncipes completamente volcado con la anfitriona, España cayó por 2-0 en un partido que quedó marcado por el recordado error de Luis Arconada en el lanzamiento de falta de Michel Platini. Aquella derrota dejó una huella profunda en varias generaciones de aficionados.
Los golpes continuaron con el paso de los años. En la Eurocopa de 2000, un penalti fallado por Raúl en el último minuto impidió una posible prórroga y confirmó una nueva eliminación frente al conjunto francés. Seis años después, en el Mundial de Alemania, el equipo dirigido por Luis Aragonés comenzó adelantándose en el marcador, pero terminó sucumbiendo por 3-1 ante una Francia liderada por un brillante Zinedine Zidane en uno de los últimos grandes partidos de su carrera.
Aquellas derrotas consolidaron la imagen de Francia como la gran «bestia negra» de la selección española. Cada enfrentamiento importante parecía recordar un pasado lleno de decepciones.

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Sin embargo, el paso del tiempo ha cambiado el relato. La llegada de una nueva generación de futbolistas y el trabajo de Luis de la Fuente han transformado por completo la mentalidad de la selección. España ya no afronta estos partidos con el peso de la historia, sino con la convicción de que puede imponerse a cualquier rival.
La semifinal de la Eurocopa 2024 marcó un antes y un después. España remontó el tanto inicial francés gracias a un gol histórico de Lamine Yamal, que con apenas 16 años se convirtió en el goleador más joven de la historia del torneo. La victoria por 2-1 abrió las puertas de la final y simbolizó el cambio de ciclo entre ambas selecciones.
Meses después llegó una nueva demostración de carácter. En la semifinal de la UEFA Nations League, España volvió a derrotar a Francia, esta vez por un espectacular 5-4, confirmando que las victorias ya no eran una excepción, sino una nueva realidad.

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Por eso, el encuentro de hoy tiene un significado que va mucho más allá del pase a la siguiente ronda. España no solo buscará una nueva victoria, sino confirmar que el miedo quedó definitivamente atrás. El rival sigue siendo uno de los gigantes del fútbol mundial, pero la sensación ya no es la de enfrentarse a un verdugo inevitable.
La historia no se borra, pero sí puede cambiar de rumbo. Y si durante años Francia representó el mayor obstáculo para la selección española, ahora España tiene la oportunidad de demostrar que aquella vieja «bestia negra» pertenece definitivamente al pasado.
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