“¡Sed amables entonces! No me dejéis tan triste. Escribidme enseguida, decidme que el principito ha vuelto…”
Con esta frase terminaba El Principito de Antoine de Saint-Exupéry. Y este domingo 17 de mayo quedará marcado en la memoria de muchos rojiblancos que acudirán al Riyadh Air Metropolitano para ver el último partido como local de Antoine Griezmann con la camiseta del Atlético de Madrid.
Cuando llegó hace más de diez años procedente de la Real Sociedad por 54 millones de euros y fue presentado ante apenas 6.000 aficionados en el Vicente Calderón, pocos podían imaginar la dimensión que alcanzaría el francés dentro de la historia del club. Lo que comenzó como el fichaje de un futbolista talentoso terminó convirtiéndose en una de las historias más importantes del Atlético moderno.

Del Calderón al corazón rojiblanco
Desde el primer momento el impacto de Antoine fue inmediato. Sus goles y su capacidad para aparecer en los momentos importantes le hicieron convertirse rápidamente en una de las referencias del equipo de Diego Pablo Simeone.
Con él sobre el césped, el Atlético pasó del Vicente Calderón al Metropolitano, cambió de escudo —aunque terminaría siendo revocado— y siguió creciendo como uno de los grandes clubes de Europa. Todo ello siempre bajo el mando de Simeone, quien nunca ocultó el cariño especial que sentía por el francés.
❤️ El precioso homenaje de Simeone a Griezmann en rueda de prensa: "Eres un amigo. Te quiero mucho" pic.twitter.com/4R5P2tLdwa
— Mundo Deportivo (@mundodeportivo) April 7, 2026
Entrenador y jugador crecieron de la mano, mientras el Atlético daba pasos hacia una nueva dimensión competitiva, Griezmann maduraba hasta convertirse en uno de los mejores futbolistas del mundo vistiendo la rojiblanca. Pero toda gran historia también tiene heridas.
De ídolo a villano
El momento que cambió por completo la relación entre Griezmann y parte de la afición rojiblanca llegó en 2019. Tras meses de rumores y después de aquel documental donde anunciaba que se quedaría en el Atlético, el francés terminaría marchándose un año más tarde al FC Barcelona por 120 millones de euros, convirtiéndose en la venta más alta de la historia del club.

Para muchos aficionados aquello fue una traición, El jugador que había sido ídolo pasó a convertirse en villano. Y durante su etapa en Barcelona el Metropolitano nunca terminó de olvidar aquella salida, ni la forma en la que se produjo.
De villano a leyenda
Sin embargo, apenas dos años después, Antoine regresó al Atlético de Madrid. Lo hizo en 2021 mediante una cesión con compra obligatoria y dejando atrás incluso el dorsal 7 para vestir el 8, en una vuelta que reflejaba también una versión mucho más madura del futbolista.

Le costó que la afición le perdonase. Mucho. Pero a base de compromiso, trabajo y goles terminó demostrando que su vínculo con el Atlético seguía siendo real. Y poco a poco volvió a sentirse querido.
Hasta llegar al día en el que terminó entrando definitivamente en el olimpo rojiblanco. El 10 de enero de 2024, precisamente ante el Real Madrid, Antoine Griezmann superó a Luis Aragonés y se convirtió en el máximo goleador de la historia del Atlético de Madrid.

El principito se hizo leyenda
499 partidos disputados, 212 goles, 99 asistencias. Una Europa League, una Supercopa de Europa y una Supercopa de España. Números históricos para un futbolista irrepetible.

Esta temporada, desde el anuncio de su fichaje por el Orlando City, uno de los grandes objetivos del Atlético de Madrid era lograr que Antoine Griezmann pudiera despedirse conquistando un gran título vestido de rojiblanco. Pero la derrota en la final de la Copa del Rey y la eliminación en semifinales de Champions League, en una de las temporadas donde el sueño de la primera orejona parecía más cerca, pero terminó por esfumarse.

Pero Antoine Griezmann es precisamente eso. Mucho más que títulos, más allá de las estadísticas, porque el Atlético no solo despide a uno de los mejores jugadores de su historia. También despide a una parte de sí mismo. A un futbolista que conoció el amor, el rechazo, la presión, el perdón y finalmente la eternidad vestido de rojiblanco.
Y este domingo, cuando el Metropolitano se ponga en pie por última vez para despedirle, muchos entenderán que no se marcha únicamente Antoine Griezmann, también se cierra una etapa.